En el mundo contemporáneo, cada vez que una persona es víctima de violencia, resulta lesionada en un accidente, muere en circunstancias sospechosas, sufre una agresión sexual o se ve implicada en delitos como el tráfico de drogas, el robo, la estafa o el ciberdelito, se acciona una respuesta institucional en cadena, en la que las ciencias forenses asumen un rol central e indispensable.
Lejos de limitarse a la autopsia o a la investigación de escenas del crimen, las ciencias forenses se consolidan como una herramienta fundamental para fortalecer la seguridad pública, la gobernanza democrática y la protección de los derechos fundamentales.
En su definición más amplia, las ciencias forenses corresponden a la aplicación de diversas disciplinas científicas —biológicas, médicas, químicas, físicas, tecnológicas y sociales— a los requerimientos del sistema judicial. Esto abarca peritajes de lesiones, evaluaciones de víctimas de agresiones, identificación de cadáveres, diagnóstico de maltrato infantil y violencia intrafamiliar, y participación en escenarios de catástrofes o muerte masiva. Asimismo, las ciencias forenses intervienen en la investigación de delitos como homicidios, delitos sexuales, robo, tráfico de estupefacientes, delitos económicos, corrupción, fraudes informáticos y otras conductas criminales que requieren una base técnico-científica para su esclarecimiento. Su campo de acción se extiende también a la elaboración de informes periciales que pueden ser determinantes en procesos civiles, penales, laborales y administrativos.
Desde la perspectiva del Estado de Derecho, las ciencias forenses contribuyen de manera decisiva a la consolidación de una justicia objetiva, técnica y basada en evidencia. En una sociedad cada vez más exigente frente a fenómenos como la inseguridad, el crimen organizado, los delitos contra las personas, el fraude económico o las vulneraciones de derechos cometidas desde estructuras institucionales, esta área del conocimiento emerge como un pilar de transparencia y credibilidad institucional.
El respeto a la dignidad humana, la aplicación equitativa de la ley y la reconstrucción de los hechos mediante métodos científicos dependen, en gran parte, de su correcto ejercicio. Pero su valor no se limita al ámbito judicial; también se expresa en la prevención y en la formulación de políticas públicas. La documentación de lesiones, las estadísticas de causas de muerte, los patrones de delitos sexuales, las dinámicas del maltrato infantil, el análisis del consumo de drogas o el monitoreo de nuevas formas de criminalidad digital permiten generar datos epidemiológicos y criminológicos que sustentan planes de prevención y estrategias de intervención social.
La seguridad pública, entendida como la garantía que ofrece el Estado para proteger a las personas, su integridad y sus bienes, encuentra en las ciencias forenses un aliado estratégico. Para que el sistema responda de manera efectiva ante delitos, emergencias o catástrofes, se requiere coordinación entre tribunales, policías, servicios de salud, municipios y peritos. En Chile, tanto la Subsecretaría de Seguridad Pública como la de Prevención del Delito incorporan este enfoque en su respuesta frente a crímenes violentos, violencia intrafamiliar, abuso sexual, robos, tráfico de drogas, corrupción, ciberdelitos, muertes sospechosas y desastres masivos.
En este contexto, los funcionarios públicos —especialmente los profesionales de la salud— asumen una responsabilidad legal y ética ineludible. El artículo 175 del Código Procesal Penal obliga a denunciar hechos constitutivos de delito. En situaciones que involucren lesiones, violencia de pareja, agresión sexual o maltrato infantil, su testimonio, documentación y manejo adecuado de evidencias pueden ser determinantes. La ficha clínica adquiere un valor probatorio relevante. Los registros fotográficos, el uso de testigos métricos, la cadena de custodia y la adecuada fijación de lesiones son procedimientos esenciales que pueden marcar la diferencia entre la impunidad y la justicia.
La criminalística, como disciplina auxiliar de las ciencias forenses, juega un papel crucial en la reconstrucción de los hechos. La búsqueda de la verdad exige un enfoque interdisciplinario, donde convergen conocimientos técnicos, criterios jurídicos, principios éticos y rigor científico.
Finalmente, no se puede ignorar el papel que desempeñan las ciencias forenses en contextos de catástrofe. En escenarios como terremotos, pandemias, conflictos armados, accidentes colectivos o emergencias tecnológicas, su función resulta indispensable para la identificación de víctimas, la determinación de causas de muerte y la protección de la dignidad humana. El trabajo pericial, en estas circunstancias, trasciende el dato técnico: representa un acto de humanidad frente al caos.
En definitiva, en un mundo donde los desafíos en materia de seguridad y justicia son cada vez más complejos, las ciencias forenses se rigen como un puente entre el dolor y la verdad, entre la evidencia y la justicia, entre la ciencia y los derechos humanos. Reconocer su importancia, fortalecer su institucionalidad y asegurar su ejercicio ético y competente no solo es deseable: es imperativo para cualquier sociedad que aspire a la justicia, la paz social y el respeto irrestricto a la dignidad humana.
Diego Romo Contreras
Perito Profesional Colegiado
Tecnólogo Médico (U. Mayor)
Magíster en Ciencias Forenses (U. de Valencia)
diego.romo.tmforense@gmail.com

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