Detección de la mentira y comportamiento no verbal: límites, riesgos y errores en su interpretación investigativa

Detección de la mentira y comportamiento no verbal: límites, riesgos y errores en su interpretación investigativa

I. Entre el análisis científico, la complejidad de la conducta humana y los errores de interpretación en la práctica profesional

Esta columna no busca explicar por completo un tema tan complejo como la detección de la mentira y el análisis del lenguaje no verbal. Decir que lo que comparto aquí es suficiente para entender todo sobre esta materia sería irresponsable, dada su amplitud y profundidad, tanto en la teoría como en su aplicación práctica.

Por eso, mi objetivo es algo muy sencillo: quiero ofrecer una primera mirada, con bases claras y un sentido crítico, que ayude al lector a conocer los aspectos esenciales de este campo. Es un mundo fascinante, aunque también complejo, y la idea es acercarlo de manera que cualquiera pueda entenderlo.

Del gesto al engaño:

Antes de estudiar gestos, comportamientos o formas de interrogar, hay que responder primero una pregunta clave. ¿Qué es realmente una mentira?

El origen del concepto de mentira (Etimología)

El término “mentira” proviene del latín mentiri, que significa “engañar” o “decir lo contrario de lo que se piensa”. A su vez, deriva de mens (mente), lo que vincula directamente la mentira con un proceso cognitivo complejo.

Desde un punto de vista lingüístico y filosófico, esto tiene mucho peso. La mentira no es solo decir algo falso; es un proceso mental que se hace con toda la intención. Por eso también entra en el campo de estudio de la psicología cognitiva y la neurociencia.

Entonces, ¿Qué es la mentira?

Desde un punto de vista científico, Paul Ekman explica que mentir es un acto deliberado para engañar. Ocurre cuando alguien da información falsa con la intención de que otra persona se la crea, sin avisarle que lo está haciendo.

Esta forma de entender la mentira se apoya en tres elementos fundamentales.

  • Intencionalidad
  • Conciencia del engaño
  • Ausencia de advertencia

No todo lo que es falso puede considerarse una mentira. Por ejemplo, equivocarse, tener una confusión o recordar algo de forma incorrecta no es lo mismo que engañar, siempre y cuando no haya una intención de hacerlo. Esta diferencia es muy importante en una investigación, porque si no se interpreta bien, un simple error puede confundirse con una mala intención o un acto deliberado.

Entonces, ¿Por qué mentimos?

La experiencia nos demuestra que mentir es algo común en todas las culturas. Lejos de ser algo extraño, en ciertas situaciones se convierte en una conducta útil o necesaria.

Diferentes estudios sobre la psicología de las personas, realizados por expertos como Ekman, DePaulo y Vrij, han señalado que, por lo general, recurrimos a la mentira por razones muy concretas.

  • Evitar castigos o consecuencias negativas
  • Obtener beneficios personales
  • Proteger la autoimagen
  • Evitar dañar a otros (mentiras piadosas)
  • Controlar la percepción del entorno

Desde la neurocriminología, autores como Moya Albiol y Romero Martínez han señalado que, cuando una persona miente, se activan funciones ejecutivas del cerebro. Estas funciones están vinculadas especialmente a la corteza prefrontal, que es la zona que usamos para planificar, razonar y tomar decisiones complejas. Este esfuerzo mental se sostiene en tres tareas clave:

  • Inhibir la verdad, es decir, frenar el impulso de decir lo que realmente ocurre.
  • Construir una versión alternativa, creando una historia nueva que sea creíble.
  • Monitorear el comportamiento, vigilando constantemente para que no haya contradicciones ni fallos.

Decir una mentira requiere más esfuerzo mental que decir la verdad. Pero ese esfuerzo extra no siempre se nota a simple vista.

Entonces, ¿se puede saber con certeza científica si alguien miente?

La respuesta es NO.

Hasta ahora, no hay ningún método que permita detectar una mentira con total seguridad en cualquier situación. Ni siquiera el polígrafo, ese aparato que muchos conocen como detector de mentiras, ha logrado demostrar que sea completamente fiable, ni siquiera en estudios científicos bien controlados.

La detección del engaño se sitúa en el ámbito de las ciencias conductuales, caracterizadas por:

  • Variabilidad individual, es decir, cada persona reacciona de forma distinta porque no hay dos comportamientos iguales.
  • Influencia del contexto, ya que el entorno y las circunstancias cambian por completo lo que vemos o escuchamos.
  • Limitaciones en la replicabilidad absoluta, lo que significa que no podemos esperar obtener el mismo resultado una y otra vez como si fuera un experimento exacto.

Autores como Aldert Vrij han demostrado que incluso profesionales entrenados, como policías, jueces y psicólogos, presentan tasas de acierto apenas superiores al azar cuando intentan detectar mentiras basándose únicamente en la observación.

Entonces, ¿esto es una ciencia?

La detección de la mentira no es una ciencia exacta. Más bien, es una herramienta práctica que se apoya en conocimientos de áreas como la psicología, la neurociencia y la criminología, entre otras ciencias.

Es cierto que el estudio de los gestos y el engaño se ha investigado con seriedad, como lo demuestran los trabajos de expertos como Paul Ekman y Aldert Vrij. Sin embargo, sus hallazgos solo ofrecen probabilidades, no verdades absolutas. El resultado siempre depende del contexto y la situación de cada persona.

Por eso, interpretar la forma de actuar de alguien como una prueba definitiva de que miente, sin contar con un respaldo sólido, es un error grave. Esto puede afectar de manera importante la calidad de una investigación.

II. La mentira como un comportamiento humano: entre la ciencia y sus limitaciones para estudiarla

El estudio del engaño se aborda desde distintas disciplinas científicas:

  • Psicología del comportamiento
  • Neurociencia
  • Lingüística
  • Criminología
  • Comunicación no verbal
  • Entre otras

Estas áreas trabajan con el método científico, que incluye la observación, la formulación de hipótesis, la experimentación y la validación a través de la evidencia. Sin embargo, sus conclusiones no son absolutas ni deterministas, sino que se basan en probabilidades.

Esto significa que detectar una mentira no nos da certezas totales, sino que nos entrega niveles de probabilidad, los cuales se construyen a partir de la evidencia en la conducta de la persona y el contexto en el que se encuentra.

 ¿Podemos detectar la mentira a través del comportamiento no verbal?

Aquí surge uno de los mayores mitos.

El trabajo de Joe Navarro (experto mundial en lenguaje corporal y comunicación no verbal, con una trayectoria de 25 años como agente especial del FBI) y otros investigadores en comportamiento no verbal establecen que:

  • No existen gestos universales de mentira
  • El estrés no equivale a engaño
  • La conducta debe analizarse en contexto

Conductas como:

  • Evitar la mirada
  • Cruzar los brazos
  • Tocar el rostro

No son indicadores de mentira por sí mismos. Son, en el mejor de los casos, indicadores de activación emocional, que pueden tener múltiples causas. El verdadero problema está en quien observa, no solo en quién miente. Desde un punto de vista crítico, el mayor riesgo no es el mentiroso, sino la persona que interpreta lo que ve.

Ejemplo: desviar la mirada o estar inquieto, pueden deberse simplemente a que la persona está pasando por un momento de nerviosismo

Sesgos cognitivos y errores graves:

  • Buscar pruebas que confirmen lo que ya cree
  • Darle demasiado significado a gestos o palabras que pueden no significar nada
  • Forzar que todo encaje, aunque en realidad no haya una conexión clara

Esto se vuelve especialmente delicado en investigaciones, porque una idea inicial puede terminar condicionando todo lo que se interpreta después.

La mentira es un tema complejo, con muchas caras y muy humano. Se puede estudiar con métodos científicos, pero detectarla con certeza sigue siendo algo muy poco exacto.

En términos operativos, esto obliga a una postura clara

  • No se debe concluir engaño sin corroboración objetiva
  • El comportamiento no verbal es orientativo, no probatorio
  • La interpretación debe ser siempre contextual y crítica

En definitiva: el error no está en observar la conducta, sino en atribuirle un significado absoluto sin respaldo empírico suficiente.

En los trabajos de investigación y en temas de seguridad, entender cómo actúan las personas suele ser una herramienta muy útil para tomar decisiones. Pero uno de los errores más comunes, y también de los más graves, es creer que podemos descubrir una mentira solo por lo que vemos hacer a alguien. Los estudios en psicología, comunicación no verbal y neurocriminología muestran todo lo contrario. Los gestos o movimientos que observamos por fuera no son una prueba directa de que alguien esté mintiendo, ya que cada persona reacciona de forma distinta según sus emociones, su forma de pensar y el entorno en el que se encuentre.

Los estudios de Paul Ekman sobre cómo detectar mentiras fueron un antes y un después. Él demostró que las microexpresiones del rostro pueden revelar emociones que una persona intenta ocultar. Pero el propio Ekman advierte que estas señales, por sí solas, no son suficientes para saber si alguien está mintiendo. Lo importante no es fijarse en gestos sueltos, sino en encontrar contradicciones entre lo que se dice, lo que se siente y cómo se actúa.

En esa misma línea, Joe Navarro, quien trabajó en el FBI, explica que el cuerpo humano reacciona de forma confiable ante las emociones, pero para interpretar esas reacciones se necesita un método riguroso.

Un punto clave es lo que él llama “línea base conductual”. Esto significa que cada persona tiene sus propias formas de comportarse, y si no se toma en cuenta ese punto de partida, es muy fácil equivocarse al leer sus gestos o actitudes.

Por eso, acciones que solemos asociar con mentir, como desviar la mirada o estar inquieto, pueden deberse simplemente a que la persona está pasando por un momento complejo.

Desde un punto de vista académico, autores como López, Gordillo, Grau y Martín Ovejero coinciden en que el lenguaje no verbal solo se entiende si se analiza en su contexto. Analizar gestos de forma separada, sin tener en cuenta la situación, lleva a cometer errores. Uno de los más comunes es interpretar lo que uno ya espera ver, en lugar de observar con objetividad lo que realmente está ocurriendo.

En el mundo de los interrogatorios, las formas de actuar han cambiado. Ya no se usan métodos basados en la presión o la fuerza, sino que se busca obtener información de manera estratégica y paso a paso. Jiménez Moyano resalta la importancia de crear un buen ambiente de confianza, observar con atención y analizar si lo que se cuenta tiene coherencia. Pero para que estas técnicas funcionen bien, es clave interpretar correctamente el comportamiento de la persona. Si se malinterpreta su lenguaje corporal, se pueden sacar conclusiones erróneas sobre su culpabilidad, y eso afecta gravemente la calidad de la investigación

Por su parte, la neurocriminología, representada por Moya Albiol y Romero Martínez, introduce un elemento determinante. La conducta humana no siempre responde a decisiones plenamente racionales. Factores neurobiológicos, como alteraciones en la corteza prefrontal o en los circuitos de regulación emocional, pueden influir en la impulsividad, la agresividad o la falta de empatía. Este enfoque nos lleva a reconsiderar las interpretaciones simplistas del comportamiento y a evitar asociar de forma directa las manifestaciones emocionales con conductas delictivas.

A esto se suma el estudio de cómo las personas pueden manipular a otras, un tema que se conoce como “psicología oscura”. En este campo se describen estrategias como hacer que alguien dude de su propia percepción de la realidad o forzarlo a cambiar de opinión mediante presión. Estas herramientas no solo sirven para entender mejor a la persona que se está analizando, sino también para que el propio analista pueda reconocer si alguien está tratando de influir en él. En situaciones complejas, algunas personas pueden mostrar un comportamiento muy medido y controlado, lo que hace más difícil notar contradicciones o señales de alerta.

En consecuencia, para analizar la conducta no verbal en investigaciones es necesario apoyarse en tres principios básicos:

  • Contar con pruebas concretas
  • Entender el contexto en el que ocurre el comportamiento
  • Evitar que los prejuicios personales influyan en la interpretación.

La simple observación no tiene valor como prueba si no se complementa con evidencia clara y un análisis bien organizado.

En resumen, entender el comportamiento de las personas no es cuestión de intuición. Es un trabajo que requiere conocimiento, un método claro y mucha cautela al analizar. El peligro más grande no es no tener información, sino darle demasiado sentido a señales que pueden ser confusas. Por eso, es tan importante que el análisis conductual sea realizado por profesionales. Así se evitan errores que podrían afectar no solo una investigación, sino también una decisión de justicia.

III. Interrogatorio y contrainterrogatorio: el uso estratégico del comportamiento no verbal y la detección del engaño

Durante un interrogatorio o un contrainterrogatorio, observar el lenguaje corporal y detectar posibles mentiras son herramientas que ayudan a complementar el análisis de lo que la persona dice. Estas técnicas permiten notar si hay contradicciones, cambios en la actitud habitual de la persona o reacciones emocionales importantes ante ciertas preguntas.

Pero es importante entender que estas señales, por sí solas, no sirven como prueba definitiva ni permiten sacar conclusiones absolutas. Su verdadero valor aparece cuando se combinan con lo que la persona expresa con palabras, con las pruebas objetivas que existen y con una estrategia de entrevista bien pensada. Así se evita caer en interpretaciones apresuradas o darle demasiada importancia a un gesto fuera de contexto.

CONCLUSION:

Estudiar el lenguaje corporal y saber detectar si alguien miente no es una ciencia exacta. Sin embargo, este análisis se apoya en disciplinas como la psicología, la neurociencia y la criminología, entre otras ciencias que usan formas ordenadas de observar, comparar y verificar la información.

Pero hay que tener en cuenta que el comportamiento de las personas es complejo, por lo que no se pueden dar resultados absolutos. Las conclusiones siempre son una probabilidad y dependen mucho del contexto en el que nos encontremos.

Para que el análisis de la conducta no verbal y la detección del engaño tenga un valor real, es fundamental abordarlo desde distintas disciplinas. Al combinar conocimientos de psicología, neurociencia, criminología, lingüística, antropología y otras ciencias del comportamiento, se logra reducir los errores, entender mejor cada situación y obtener conclusiones más confiables. Esto implica contar con profesionales bien formados y con un método riguroso. Así, sin buscar certezas absolutas, se emplea esta herramienta como una guía que siempre toma en cuenta el contexto y se apoya en pruebas objetivas.

Por eso, un gesto o una expresión no deben tomarse como una prueba definitiva de que alguien está mintiendo. Son solo una pista más que hay que sumar a otros datos objetivos. Por esta razón, usar este conocimiento en el trabajo profesional no solo requiere saber la técnica, sino también aprender a controlar los propios prejuicios, analizar con cuidado y actuar con prudencia.

No reconocer estas limitaciones o darle un significado fijo a una conducta aislada no solo lleva a interpretar mal la situación, sino que incluso puede poner en riesgo la credibilidad de una investigación.

Cinco referentes en psicología del testimonio, engaño y seguridad

Conozca a los expertos que están cambiando la forma en que se investiga la mentira y el comportamiento humano.

1. Aldert Vrij

Es profesor de Psicología Social Aplicada en la Universidad de Portsmouth, en Reino Unido. Obtuvo su doctorado en 1991 y hoy es considerado la máxima autoridad mundial en la detección del engaño. Ha publicado más de 600 trabajos científicos, los cuales han sido citados más de 30.000 veces por otros investigadores. En 2016 recibió un premio a su trayectoria profesional. Su libro Detecting Lies and Deceit es una guía de referencia para policías y servicios de inteligencia.

2. Paul Ekman

Fue un psicólogo estadounidense y profesor emérito de la Universidad de California en San Francisco. Falleció en noviembre de 2025. Es recordado como un pionero en el estudio de las emociones y las expresiones del rostro, y se le considera uno de los 100 psicólogos más influyentes del siglo XX. Creó un sistema para clasificar los movimientos faciales y descubrió las microexpresiones, herramientas clave para identificar mentiras. También fue asesor científico de la conocida serie de televisión Lie to Me.

3. Luis Moya Albiol

Es catedrático de Psicobiología en la Universitat de València. Obtuvo su doctorado en Psicología con el máximo reconocimiento académico. Dirige el primer máster en Neurocriminología en España y lidera un equipo de investigación en Neurociencia Social. Es autor de más de 150 artículos científicos y ha escrito libros de divulgación como Escucha tu cerebro y La empatía, los cuales han tenido varias ediciones.

4. Francisco Jiménez Moyano

Es un militar de alta graduación con estudios superiores en enseñanza militar y profesor invitado en la UDIMA. Cuenta con estudios en Relaciones Internacionales y un máster en Seguridad y Protección. Ha sido jefe de estudios en un curso para altos mandos de las Fuerzas Armadas y ha participado como ponente en seminarios de seguridad junto con las universidades de Granada y Sevilla. Actualmente dirige un máster en Inteligencia y Contrainteligencia, especializado en terrorismo y conflictos asimétricos.

5. Grupo de investigación

Este equipo está formado por psicólogos e investigadores españoles, entre los que se encuentran Gordillo León, Martín Ovejero, Moya Albiol, Romero Martínez, Navarro, y García. Pertenecen a universidades como la Complutense de Madrid y la UNED. Su trabajo combina la psicología forense, la credibilidad de los testimonios y las emociones en el ámbito judicial. En conjunto, sus investigaciones representan lo más avanzado de la psicología aplicada a la justicia en España, abordando desde cómo se toman las declaraciones hasta el análisis de la conducta delictiva.

Carlos A. Guglielmi Pérez

Carlos A. Guglielmi Pérez

Cientista Forense | Máster en Inteligencia: Seguridad y Defensa | Máster en
Comunicación No Verbal y Detección de la Mentira

Posgrado en Análisis de Conducta Criminal | Diplomados en: Perfilación Criminal,
Criminología Corporativa, Medicina Legal y Forense, Antropología Forense,
Psicopatología Forense, entre otros.

 guglielmi.fsi@gmail.com

BIBLIOGRAFÍA:

  • Armstrong, W. (s.f.). Cómo analizar a las personas: Dominio del lenguaje corporal, psicología oscura y protección de la manipulación (4 en 1). Devon House Press.
  • Ekman, P. (s.f.). Cómo detectar mentiras. Booket.
  • García, J. M. (“Pincho”). (s.f.). Ciencias del comportamiento. Temas de Hoy.
  • Jiménez Moyano, F. (s.f.). Técnico avanzado en procedimientos y técnicas de interrogatorio. CISDE.
  • López Pérez, R., Gordillo León, F., & Grau Olivares, M. (s.f.). Comportamiento no verbal. Pirámide.
  • Martín Ovejero, J. L. (s.f.). Miénteme… si te atreves (Lie to Me… If You Dare). Aguilar.
  • Martín Ovejero, J. L. (s.f.). Tú habla, que yo te leo. Aguilar.
  • Moya Albiol, L., & Romero Martínez, Á. (s.f.). Neurocriminología. Pirámide.
  • Navarro, J. (s.f.). Diccionario de lenguaje no verbal. Sirio.
  • Navarro, J., & Karlins, M. (s.f.). El cuerpo habla: Grandes secretos de la comunicación no verbal revelados por un ex agente del FBI. Sirio.

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